domingo, 12 de febrero de 2012

Primer Capítulo.


Entró con una sonrisa en su rostro pálido. Llevaba un vestido de unos tonos violetas y platinos que resaltaban en su piel blanca. Sus ojos desprendían un brillo simpático, de un tono azulado que prometía amistad y cariño. Sonreía de oreja a oreja y saludaba a las personas más nobles de aquel palacio. Iba sola a la fiesta, simple, con un bolso y un calzado cómodo.
Mientras se encontraba sola, saludando con una simpatía honorable, se le acercó el rey con su dama, íbridi.

-Buenas noches, señorita Meyer.-Saludó el Rey agarrando de su delicada mano, plantándole un beso educadamente- ¿Se lo está pasando bien?-preguntó, esperanzado.

-Encantada de verle, Johnson- sonrío de lado a lado y respondió a su pregunta- Oh, sí. Me lo estoy pasando muy bien.

-Oh, me alegro.-dijo con alegría en los ojos-Me voy a saludar con Íbridi a los nuevos invitados, Melanie.

-Por supuesto.-dijo sonriendo mientras le hacía una reverencia a él, y a su esposa.

Se quedó sola, otra vez, pero a ella eso era lo de menos. A Melanie no le gustaba acudir a fiestas, pero aquella vez solo lo hizo por una mera razón. Empezó a elevar la mirada hacia el techo, mirando si había alguien que, por mala coincidencia, no debiera de encontrarse allí, no mientras Melanie Meyer estuviera allí para hacer su trabajo; Sería aquella persona todo un florero.
Melanie se dio la vuelta, y entonces vio a una familia de seis miembros entrando por la puerta principal, recibiendo la cálida bienvenida del rey. Melanie los observó, desde la lejanía, con una mirada serena y sosegada.
Pudo distinguir el padre, alto, ceñudo y serio pero también tranquilo. La madre, era una chica algo baja de su marido, simpática y algo agradable por la forma que la vio agarrando la mano del rey con una cálida y apacible bienvenida. Luego, había tres adolescentes, de la misma edad más o menos de Melanie. Uno, era alto, rubio y de unos ojos azules que reflejaban naturalidad, poder y respeto. Luego, había una chica pelirroja, que sería la hermana de los otros dos hermanos. Tenía aquella chica unos ojos oscuros, rojos más bien, como el fuego vivo. Y, el último hermano, era también rubio, pero sus ojos eran verdes, y ya con eso reflejaba que era amable y simpático.
Melanie sabía cómo eran las personas con tan solo mirarles a los ojos.
Mientras aquella familia se encontraba aún en la puerta, el chico rubio de ojos azules clavó sus ojos en los de Melanie. La estaba evaluando con la mirada, tal y como ella había hecho con él y su familia. Avergonzada, bajó la mirada, y sin mirarle, pudo percibir que aquel chico reía divertido ante la respuesta que ella había ocasionado. Sintiéndose observada, ruborizada y demás, se apartó de la vista de aquel muchacho que sonreía a Melanie.
Absurdo vampiro, pensó Melanie mientras se dirigía hacia otro lugar, lejos de la mirada de aquel nuevo inquilino.
Cuando Melanie estaba distraída, una voz masculina la sobresaltó a su espalda. Miró de reojo, ¿Quién podría ser?, pensó para sus adentros enfurruñada. Se giró y se encontró, para su sorpresa, a aquel adolescente rubio de ojos azules.

-Hola-Saludó, de pie a unos pocos centímetros de donde se encontraba Melanie.

-Hola-respondió, después de un buen rato contemplando sus ojos azules.

-Me llamo Niall. –sonrió de oreja a oreja, con un rubor en las mejillas.

-Encantada, me llamo Melanie.-Dijo sin sonreír. Le parecía absurdo aquello, no quería perder la cabeza por nadie, y menos aquel día. Se levantó con su mini bolso en la mano, y con la mirada ausente se largó hacia el baño.

Le pareció el lugar perfecto para esconderse de las miradas curiosas, y también el lugar perfecto para entrar en acción. Entró en uno de los lavabos vacíos, dejó su bolso en el la tapa del orinal y se quitó el vestido. Se puso un pantalón corto, de marrón claro, y unas conversen negras. Se hizo una coleta para que le sujetara el pelo negro y se puso una camisa de tirantes negra. Se colocó en la cintura un tipo de cinturón y dejó sus armas guardadas en él. Al acabar, escondió su vestido, su bolso y sus zapatillas en una papelera, convencida de que lo recuperaría antes de que sacaran la basura afuera. Se puso un tipo de auricular con un mini micrófono al lado de su boca, y empezó a hablar:

-¿Mat? ¿Maat? ¿Me escuchas?-preguntó mientras salía del baño agarrando el micrófono para acercárselo más a la boca.

Tardó unos segundos en contestar.

-¿Sí? ¿Melanie? ¿Estás ahí?-preguntó una voz masculina, que resultaba ser como un compañero de Melanie Meyer.

-Te oigo alto y claro-habló sonriendo divertida mientras bajaba las escaleras para dirigirse hacia el gran salón de aquel palacio.

-Bien, ¿sabes lo que tienes que hacer?-preguntó Mat Owson desde una furgoneta que se encontraba en la calle, delante de la gran puerta en la espera y ayuda de Melanie para cuando acabara con la misión.

-Sí, Mat, sé lo que tengo que hacer. –respondió mientras se escondía detrás de un pilar para que aquel chico rubio, llamado Niall no le viera y empezara a seguirla. Había llamado demasiado la atención a aquel muchacho y eso podría afectar a la misión de Melanie.

-Mat, tu turno, hazme un gran favor.

-¿Cuál?

-Aleja a Niall Kourssin de mi misión, podría incordiarme más de lo que ha hecho.-dijo cerrando los ojos por un momento, impaciente.

-Vale pues, ahora sacaremos al monstruo-dijo divertido mientras pulsaba un botón desde la furgoneta.-Ya está-sonrió aunque Melanie no pudiera ver su rostro.

En el momento en que Mat pulsó aquel botón, una alarma empezó a sonar, la alarma de incendio. No serviría mucho, pero sí para pasar inadvertida hasta la sala de la habitación del rey. Melanie no había bajado del todo de la escalera, se encontraba en el lugar adecuado para lanzarse con una cuerda hasta el otro extremo de la sala. Niall Kourssin no se movió del sofá, con lo que a Melanie le molestó bastante. Sin pensar, Melanie disparó con una de sus pistolas hasta el otro pilar que se encontraba horizontalmente del que se encontraba.  No le importó que Niall le viera, ella tenía que hacer igualmente su trabajo, fuera como fuera.
Saltó en la barandilla del otro pasillo. Se quedó a hurtadillas, y sus manos tocando la fría madera. Bajó de la barandilla de un salto ágil y abrió la puerta que tenía delante con una simple patada. Sintió que alguien le observaba, y ella sabía, que de todas las personas que corrían sin ninguna dirección segura, sólo había una persona que no se inmutó en todo ese jaleo. Y esa persona, era Niall Kourssin.

Niall, subió las escaleras sin prisa, y entró en la habitación en la que minutos antes había entrado Melanie. Se quedó en la puerta, viendo como Melanie buscaba algo sin éxito.

-¿Se puede saber qué buscas?-preguntó Niall con los brazos cruzados, esperando en la puerta a que acabara y le prestara atención.

-Mi trabajo. ¿Se puede saber qué haces tú aquí?- dijo Melanie con un tono de reproche mientras le miraba fijamente a sus ojos fríos.

Niall, en el momento en que Melanie estuvo hablándole con amargura, se acercó despacio, sin prisa alguna, aunque todo el mundo corriera abajo por una falsa alarma que tan sólo él se había dado cuenta. Puso sus manos en sus bolsillos, y miró a Melanie a los ojos. Había algo que le impresionaba, y tan solo acababa de conocerla, ¿Cómo era posible aquello?

-Melanie, sabes que no está bien espiar las intimidades de los demás.-susurró agarrándole de la barbilla para que le mirara fijamente a los ojos. Sus ojos azules se encontraron con los de ella.

-Mira quien fue a hablar-dijo en tono burlón.-Además, no me conoces de nada.-rió, divertida.

Él la miró, y vio que había cogido unos documentos del Rey. Los iba a robar.

-¿Qué vas a hacer con esos documentos, Melanie?-preguntó y le quitó la mano de la barbilla. Le miró a los ojos, y éste se acercó lentamente a sus labios.

-Llevármelos, `` prestados ´´ -dijo segura de sí misma acercándose hacia él y preguntó-¿Crees que no me los voy a llevar?

-Creí que eras una niña obediente, sensata… Pero veo que me equivocaba. Aun así, hay algo que me sorprende de ti, pero no sé qué es. ¿Te vas a atrever salir por la puerta grande con los documentos en la mano así de fácil y feliz?

-¿Qué? –Rió, divertida mientras se alejaba de su rostro tan perfecto- Niall, te equivocas, cielo. –Dijo alejándose de él, acercándose hacia la ventana, que estaba tapada con madera, como si aquella habitación estuviera abandonada. Quitó aquellos tacos y una ráfaga de luz iluminó la habitación, descubriendo su rostro pálido. - ¿Ves? –Dijo señalando hacia la ventana- Yo soy original, y voy a salir por la ventana.- dijo mientras se subía a la repisa, a punto de saltar, se giró para ver qué respondería Niall.

-No saltarás, no eres capaz.-miró, creído.

-¿Qué no?- le miró, divertida. Se giró, hizo una voltereta en el aire como si en vez de abismo hubiera agua y cayó en el abismo que daba a la calle donde se encontraba Mat, dentro de la furgoneta esperando la llegada de Melanie. Cuando ella estuvo en el suelo, intacta y perfecta, miró hacia arriba, y observó que Niall le miraba con aprobación.
Aquella noche sería la última vez que Niall Kourssin vería a Melanie Meyer por aquella ciudad.



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